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Funcionalmente monovolumen, dinámicamente berlina

El tiempo mínimo para acelerar de 80 a 120
km/h es 7,2 s. Para conseguir ese tiempo, hay que salir en tercera
y cambiar a cuarta a unas 4.250 rpm; si se estira el motor hasta
4.500, el coche acelera menos (a pesar de que la raya roja del cuentavueltas
está por encima de ese régimen).
Si se acelera desde 80 km/h en cuarta, el tiempo que tarda en llegar
a 120 km/h es 7,4, sólo dos décimas más que
si se hace desde tercera y se cambia a cuarta durante la aceleración.
Esas dos décimas pueden ser valiosas en un algún adelantamiento,
en cualquier otro caso no merece la pena acelerar desde tercera
a esa velocidad. Esto quiere decir que, ya desde 80 km/h, sólo
son necesarias las tres marchas más largas (cuarta, quinta
y sexta), no solo para circular a velocidad constante, también
para acelerar al máximo.
A efectos prácticos, una respuesta así hace que el
conductor apenas tenga que utilizar el cambio, siempre que el tráfico
sea fluido. Ya desde unos 100 km/h, se puede ir en sexta con casi
toda la reserva de aceleración que puede dar el motor.
La buena respuesta en marchas largas se debe, en parte, a que los
desarrollos son cortos; en sexta velocidad y con las ruedas de 17”,
aumenta 48,9 km/h cada 1.000 rpm. La velocidad máxima homologada
es 201 km/h, y la alcanza 110 rpm por encima del régimen
de potencia máxima. El anterior Toledo de 131 CV tenía
una sexta de 54,3 km/h; alcanzaba 205 km/h a 3.775 rpm.
Después
de probar varios modelos con el mismo motor que este Toledo, nos
da la impresión de que este motor de 2,0 l y 140 CV no es
tan bueno en prestaciones y consumo como el anterior 1,9 l de 131
CV (un motor excepcional por rendimiento).
El Toledo nuevo de 140 CV tiene desventaja en consumo frente al
anterior de 131 CV porque pesa más, tiene más resistencia
aerodinámica y desarrollos más cortos. Incluso considerando
esos factores, y dado que ningún TDI de 140 CV nos ha sorprendido
por el consumo, da la impresión de que el rendimiento en
condiciones reales de circulación del anterior motor era
mejor que el de éste.
Con relación a berlinas Diesel de este tamaño y potencia,
el consumo y las prestaciones de este Toledo están dentro
de la media (ambos son buenos si lo consideramos un monovolumen).
La diferencia más apreciable —comparado con una berlina
normal— es que alcanza una velocidad máxima menor y
acelera menos en velocidades próximas a la máxima,
posiblemente a causa de su mayor resistencia aerodinámica.
En aceleración hemos obtenido el mismo resultado con el Toledo
que con el Altea del mismo motor, en recuperación ha sido
más rápido el Altea.
En este recorrido, a una velocidad media de 120 km/h, ha gastado
6,7 l/100 km (6,6 según el ordenador). El consumo en uso
normal, mitad por carretera y mitad por ciudad (en total 736 km,
lo que ha durado un depósito), ha sido 7,7 l/100 km. El consumo
máximo que he medido, por una carretera lenta, ha sido 13,3
l/100 km (con el anterior Toledo no llegué a 12 l/100 km).
La cantidad máxima de gasóleo que he podido repostar
ha sido 56,36 l, unos cinco kilómetros después de
que el ordenador indicase que la autonomía era 0 km.
En lo que sí me parece mejor este motor que el 1,9 l en
cualquiera de sus variantes es en suavidad, vibraciones y ruido.
En frío y al ralentí tiene un claro sonido a Diesel,
más claro que el de algunos motores de este tipo. Una vez
en caliente y en marcha, las vibraciones casi desaparecen y la aspereza
se atenúa mucho.
No es de los coches más silenciosos y, a partir de unas
3.000 rpm (unos 150 km/h en sexta) se nota un ruido grave de fondo
que proviene del motor. Ese no es el ruido que más se escucha,
porque ya a unos 120 km/h hay un ruido aerodinámico en la
parte lateral del coche (yo lo localizo a la altura del retrovisor
exterior, pero más atrás). Es exactamente el mismo
ruido aerodinámico que tenía el Altea que hemos probado.
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