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Primeros 1000
km. Excelente motor, freno esponjoso y un tornillo suelto
Sin incidentes. Hemos hecho los primeros mil kilómetros
a nuestro León con mucho cuidado, dejando que calentara bien el motor
en cada arrancada y con el mejor lubricante
de la marca Repsol, recomendada por el fabricante. Todo parece en
orden. El motor responde de maravilla, aunque todavía no lo hemos
puesto a tope. Pasarán otros mil kilómetros antes de hacerle sufrir
de verdad. Toda la mecánica es satisfactoria, a la altura de lo esperado.
Sólo mejoraría con un tacto de freno menos esponjoso. En la revisión
diremos que nos sangren bien el circuito de los frenos.
Todo funciona sin incidentes, pero no sin sobresaltos.
Durante los primeros kilómetros, un ruido nos trajo locos. Parecía
un tornillo suelto por el interior del salpicadero que iba dando
tumbos de un lado al otro. Miramos la guantera, las bolsas de las
puertas, todos los recovecos. Nada. Desde el puesto del conductor,
parecía un sonido en la guantera, enfrente del pasajero. Desde el
asiento del acompañante, parecía que sonara en el cuadro de instrumentos.
Al final resultó ser un tornillo suelto metido en la luz interior,
que se enciende al abrir las puertas. Una tontería, pero que durante
unos kilómetros nos hizo sufrir, por el temor a tener que desmontar
todo el salpicadero en busca del tornillo perdido.
Nada más. El capó no cierra bien. Pero eso ya lo
sabíamos desde antes de comprarlo. En todos los concesionarios que
visitamos tuvimos problemas para cerrar los capós después de echar
un vistazo al motor. En uno, incluso, nos dijeron que mejor era
dejarlo caer. Que si se presiona sobre el lugar de la cerradura
termina por abollarse la chapa. Lo mejor será no abrirlo demasiado.
Ahora le esperan unos cuatro mil kilómetros por rutas
europeas, que haremos más o menos en una semana. Vamos provistos
con nuestra lata de lubricante y la probeta, para tener siempre
un control exacto de lo que gasta. A la vuelta nos vemos.
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