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Nuevo por carrocería,
no por mecánica
He conducido tres versiones: 1.4 de gasolina de 101
CV y equipamiento Sport, 1.9 TDI de 101 CV con equipamiento Stella
y 1.9 TDI de 131 CV con equipamiento Sport.
En todos ellos, la presentación y el ajuste son aparentemente
buenos, aunque el corte de algunos plásticos es mejorable
en pequeños detalles. Al igual que ocurre en el nuevo Polo
2002, en el nuevo Ibiza se utilizan plásticos diferentes
según la versión. Los Sport y Signa tienen la parte
superior del salpicadero realizada en plástico mullido, mientras
que en los Stella es de plástico duro la misma pieza.
El puesto de conducción es bueno en general gracias al nuevo
reglaje en altura y distancia del volante y a la correcta colocación
de todos los mandos. La versión Sport tiene, además
de la instrumentación normal, un voltímetro y un reloj
de temperatura de aceite. El plástico que los cubre puede
dar un reflejo que los hace poco visibles de día y el borde
de los relojes de la instrumentación tiene unas piezas decorativas
pintadas en el mismo color de la carrocería.
Sobre
su estabilidad
no he podido sacar ninguna conclusión concluyente, por el
tipo de carreteras por las que he conducido y porque estaban mojadas.
En general, la impresión que da es que la diferencia de estabilidad
no es grande con relación al anterior Ibiza, que era un coche
que ya iba bien.
En mojado, se nota con claridad que el Stella es más fácil
de conducir que el Sport, que tiene neumáticos de perfil
más bajo (y rígido) y una suspensión más
bien dura, aunque no excesivamente incómoda sobre carreteras
con buen piso. La dirección electróhidráulica
es rápida (2,9 vueltas) y tiene un buen tacto, al igual que
los frenos. Los Sport que he conducido tenían llantas de
16 pulgadas de diámetro con neumático 205/45 WR16
83. Las suspensiones suaves de la versión Stella me han parecido
algo más blandas de lo deseable en extensión, lo que
produce ciertos rebotes al pasar por zonas onduladas.
El motor de gasolina de 101 CV no tiene un empuje contundente hasta
unas 4.500 rpm. A partir de ahí sí da una buena aceleración
y, por lo que he visto, toda la potencia que declara SEAT. El desarrollo
es más bien corto, aunque la zona roja del cuentavueltas
comienza a 6.500 rpm, llega a pasar fácilmente de ese régimen
en quinta. A bajas vueltas parece un poco perezoso y obliga a jugar
con el cambio para ganar aceleración.
El 1.9 TDI de 101 CV tiene fuerza y parece más agradable
que el gasolina en conducción normal por carretera y ciudad.
Tira con energía desde poco más de 1.250 rpm en las
marchas largas y estira sin desfallecer hasta 4.500 rpm. Es un motor
ruidoso y que vibra, aunque la insonorización interior es
correcta y las vibraciones no parecen demasiado molestas.
El 1.9 TDI de 131 CV marca las diferencias. Se nota un importante
salto respecto al motor de 101 CV. Las prestaciones son sencillamente
excelentes y empuja con mucha fuerza ya por debajo de 1.500 rpm
(en las marchas largas) hasta alcanzar las 4.500 rpm. En las tres
primeras marchas es fácil meterse en la zona roja del cuentavueltas
(4.750 rpm) si no estamos atentos. Tiene tanto empuje que le cuesta
transmitir la potencia y el par al suelo. En las dos primeras marchas
pierde motricidad
con cierta facilidad. Sobre mojado y en una superficie no muy adherente,
incluso puede perder tracción en tercera marcha. El control
de tracción de serie es eficaz y se encarga de disimular
en buena medida el problema. El manejo de su cambio de seis marchas
es agradable, pero los desarrollos
parecen un poco largos, en quinta y, sobre todo, en sexta. Eso sí,
en sexta podemos mantener una velocidad elevada rodando a muy bajo
régimen (150 km/h a 2.500 rpm).
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