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Más potencia, menos consumo
y mejor estabilidad
| Impresiones
de conducción |
En Saab afirman que el modelo 9-5 2.3 T Aero engloba
lo que ellos entienden como máximas prestaciones y deportividad.
Después de conducirlo, yo creo que «altas prestaciones»
es aplicable, pero «máxima deportividad» no.
Me parece una berlina
rápida con cierto talante deportivo, pero se ha mantenido
un compromiso intermedio entre estabilidad
y confort. No es un coche deportivo, pero sí muy estable
al mismo tiempo que cómodo. Donde resulta más agradable
de conducir es en carreteras rápidas de sentido único,
en donde puede transmitir una elevada sensación de seguridad.
Respecto a otros 9-5, como por ejemplo el 3.0 TiD,
se nota que la mayor dureza de las suspensiones y menor altura al
suelo reducen más eficazmente los movimientos de la carrocería
(balanceo
y cabeceo),
aporta un guiado más eficaz del eje delantero y permite someter
al coche a apoyos más fuertes sin perder la compostura.
El 9-5 Aero es subvirador,
pero lo justo para que siga siendo un coche notablemente eficaz
al mismo tiempo que sencillo de conducir y con un cierto tacto «deportivo».
El eje trasero se aguanta mucho en apoyo
y sólo llega a deslizar en situaciones forzadas (la tendencia
general es a tirar ligeramente de morro).
El control
de estabilidad (ESP) constituye un importante avance en seguridad
activa. Me ha sorprendido que, además de ser muy eficaz
en sobreviraje,
el ESP del Saab 9-5 Aero también trabaja bien en subviraje
(algo poco habitual). Respecto al anterior Aero, el actual me parece
que se sujeta algo más de atrás y se aprecia en menor
medida el movimiento de la carrocería al cambiar rápido
de apoyo (prueba
del anterior Saab 9-5 2.3 T Aero de 230 CV con carrocería
S.W.)
El
control de tracción
que tiene de serie (junto con el ESP) se hace casi imprescindible
en este coche. Los 250 CV y los 370 Nm que puede llegar a desarrollar
su motor turboalimentado se transmiten al suelo con cierta dificultad
a través de las ruedas delanteras. Si desconectamos el control
de tracción y estabilidad (mediante un mando situado en el
salpicadero) la pérdida de motricidad
es apreciables en las marchas cortas. Aún así, tengo
la sensación de que el motor de 250 CV es más progresivo
en la entrega de potencia que el anterior de 230 CV y pierde menos
rueda en aceleración.
Ahora comienza a tirar con fuerza desde 1.750 rpm
y a 2.500 rpm se aprecia el mayor empuje que aporta el turbo soplando
a máxima presión. La entrega de potencia en más
progresiva (antes se notaba una «patada» más
violenta) y el cuentavueltas sube con mucha energía hasta
la zona roja, situada a 6.000 rpm.
El cambio manual tiene un accionamiento rápido
(no deportivo) y los desarrollos
de transmisión son largos pero parecen bien adaptados
al empuje del motor. La dirección (2,9 vueltas de volante)
es precisa y tiene un tacto agradable, al igual que los frenos,
que permiten dosificar la frenada con facilidad. Son potentes y
aguantan correctamente el trato duro. En una conducción al
límite llegan a perder eficacia por sobrecalentamiento,
pero siempre sigue habiendo capacidad de frenada.
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