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Rápido, bien hecho, poco
ágil y pequeño por dentro
El Saab 2.0 T Aero puede satisfacer a la mayoría
de conductores por estabilidad,
prestaciones
e incluso confort de suspensión. A pesar de tener una suspensión
menos flexible y una altura rebajada 15 mm, sigue sin ser un coche
plenamente «deportivo». Un BMW
330i, un Lexus
IS300 o el mismo Opel
Vectra GTS 3.2 V6 se mueven con más eficacia en una carretera
con curvas.
Creo que la suspensión que lleva el «Aero»
es la que deberían llevar el resto de los 9-3 y el «Aero»
admitiría un reglaje todavía más duro para
convertirse verdaderamente en una berlina «deportiva»,
en la línea de un Ford
Mondeo ST220 (226 CV) o un Subaru
Impreza 2.0 WRX Turbo (218 CV).
El
motor 2.0 T de 211 CV es muy enérgico, elástico
y progresivo. Ya da bastante fuerza desde 1.500 rpm, pero despliega
un mayor potencial a partir de 2.000 rpm y llega hasta 6.500 rpm
(zona roja del cuentavueltas). Sobre todo si se acelera a fondo,
se puede oir claramente el silbido del turbo. En plena aceleración,
el eje delantero sigue ofreciendo una ligera sensación de
flotación, aunque no es tan acusada como en el anterior 9-3
Aero (205 CV) y se ha mejorado notablemente la motricidad.
El nuevo cambio manual de seis velocidades (imagen)
tiene un accionamiento suave y suficientemente preciso, aunque quizá
tiene un poco largo el recorrido entre las marchas. En un uso exigente
permite cambiar con mucha rapidez, pero en varias ocasiones (intentando
cambiar rápido con el coche en pleno apoyo),
perdía precisión y no me dejaba engranar la marcha
(rascaba).
Los
desarrollos de
transmisión, tampoco se corresponden con un planteamiento
deportivo, con una quinta larga y una sexta que parece de desahogo
más que para obtener una respuesta rápida en esa marcha.
En la pista de un aeródromo, he realizado unas mediciones
de recuperación de 80 a 120 km/h con el cronómetro
(sólo orientativas). El resultado es de 7,1 s en 4ª;
9,8 s en 5ª y 13,8 s en 6ª. Son unas recuperaciones rápidas,
pero el salto entre 5ª y 6ª parece grande.
He tenido ocasión de probar el 2.0 T Aero
con el cambio
automático de cinco velocidades y los mandos
secuenciales en el volante (mantiene también el mando
secuencial en la palanca de cambios). El mando situado en la derecha
del volante es para cambiar y el de la izquierda para reducir (imagen).
Sin embargo, dichos mandos me han parecido poco agradables de utilizar
por varios motivos: son pequeños, están en una posición
mejorable y su accionamiento es duro y áspero (quizá
porque son pequeños y no se pulsan bien). Hay que hacer cierta
presión con el dedo pulgar si queremos engranar o reducir
de marcha, de lo contrario es posible que no cambie de marcha. El
motor es tan enérgico que, incluso con el cambio automático,
disfrutaremos de una buena respuesta, aunque se sigue perdiendo
ciertas características «deportivas».
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