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Un Laguna Diesel con 150 CV
Partiendo sobre la base de que el Laguna 2.2 dCi
tiene un motor que desarrolla unas excelentes prestaciones y un
buen compromiso entre estabilidad y confort, es obvio decir que
éste es un coche recomendable. Sin embargo no me ha sorprendido
especialmente en ningún aspecto comparado con otros modelos
similares, más bien todo lo contrario.
Recientemente he tenido ocasión de conducir
el Ford Mondeo 2.0 TDCi 130 CV y me ha parecido que tiene un mayor
aplomo en curva que el Laguna 2.2 dCi y unas prestaciones similares
(al menos es la sensación subjetiva que me ha transmitido).
El motor TDCi de Ford me ha parecido más elástico,
tira más enérgicamente desde un régimen más
bajo, hace menos ruido y la sensación de aceleración
es tan buena como en el Laguna. Al ralentí
apenas tiene inercia, sube y baja de vueltas como un buen motor
de gasolina (debe tener un equipo motor ligero y reducidas fuerzas
de rozamiento). Es más que probable que el motor Ford 2.0
TDCi tenga más caballos que los declarados.
El
motor del Laguna 2.2 dCi sigue sonando mucho a «Diesel»
al ralentí, pero suaviza su rumorosidad en marcha. Los árboles
de equilibrado no han conseguido eliminar completamente las
vibraciones, si bien tampoco parecen molestas. Su turbocompresor
de geometría variable comienza a empujar con más fuerza
a partir de 1.600 rpm, pero no se aprecia su verdadero tirón
hasta que no llega a 2.200 rpm. A partir de este punto parece un
motor enérgico y tira con fuerza hasta 4.600 rpm. Desde aquí
hasta la zona roja del cuentavueltas (4.800 rpm) no merece la pena
exprimir la mecánica, porque no hay ya fuerza. El empuje
del motor no parece comprometer la motricidad.
En carretera, a elevada velocidad, se aprecian más
unos molestos «silbidos» aerodinámicos que el
propio sonido del motor. En dichas condiciones no me ha parecido
tan silencioso como el propio Ford
Mondeo 2.0 TDCi o el Citroën
C5 2.2 HDI.
En cuanto a la estabilidad,
he apreciado cierto balanceo
de la carrocería que es mejorable (tanto en la versión
de cinco puertas como en la familiar que he conducido). Parto sobre
la base de que su nivel de estabilidad en muy elevado, pero se aprecia
más que en otros modelos la transferencia de masas en los
cambios pronunciados de apoyo.
de hecho, guardo mejores impresiones al volante del Laguna 1.9 dCi
de 120 CV, que me parece más preciso en el guiado que el
2.2 dCi. El modelo más potente parece también más
perezoso a la hora de inscribirse en las curvas; uno de los motivos
puede ser que pesa 85 kg más que el Laguna 1.9 dCi y la mayor
parte de este sobrepeso debe estar en el motor, concentrado sobre
el eje delantero. El control
de estabilidad (ESP) del Laguna 2.2 dCi corrige eficazmente
cualquier deslizamiento del eje posterior, pero en una conducción
exigente tiene que entrar más en funcionamiento que en otras
berlinas Diesel similares.
La
frenada tiene buen mordiente y parece potente, pero en frenazos
de emergencia me ha parecido algo inestable y la carrocería
se mueve ligeramente. Como el ABS
trabaja eficazmente, esta situación no plantea ningún
problema de seguridad y es fácilmente controlable, pero también
me parece mejorable. Para incrementar su resistencia al sobrecalentamiento,
los Laguna 2.2 dCi llevan delante unos discos
ventilados de mayor tamaño (308 mm de diámetro),
los mismos que utiliza el Laguna 3.0 V6 de 207 CV de potencia. A
lo largo de mi toma de contacto no he tenido ocasión de comprobar
su resistencia.
Como en el resto de los Laguna, el puesto de conducción
me ha parecido ergonómico y bien planteado, pero los asientos
siguen siendo demasiado blandos y la columna vertebral acusa la
fatiga con el paso de los kilómetros. El mando manual para
regular el apoyo lumbar está también en una posición
mejorable (entre el lateral derecho del asiento del conductor y
el reposabrazos delantero central) y obliga a meter los dedos de
forma algo incómoda.
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