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Lo tiene casi todo, le falta más motor y espacio
Las prestaciones del Laguna se corresponden de
lo que cabe esperar, por su potencia, peso y desarrollos.
A diferencia de otras marcas, Renault no declara menos potencia de
la que realmente tiene; son, por tanto 120 CV.
Su aceleración es menor que la de coches con
motor más potente, como el HDi de 133 CV (en Citroën
C5 y Peugeot 406), el TDI de 130 CV (en Audi A4 y Volkswagen Passat)
o el DTi 125 CV del Opel Vectra. De hecho, la aceleración
del Laguna es prácticamente igual a las del Ford Mondeo TDdi,
que tiene 115 CV homologados pero realmente da más.
El motor dCi del Laguna, en versión de 120
CV, no es del tipo «Diesel explosivo», que da un fuerte
tirón en un intervalo pequeño de régimen. Aun
cuando se acelera a fondo, la forma de dar fuerza es suave. En las
tres marchas más cortas puede pasar con facilidad de 4.200
rpm; en cuarta cuesta pasar de ahí y en quinta da la velocidad
máxima precisamente a ese régimen. La sexta es muy
larga: cuando el coche va a 120 km/h en sexta, el motor gira a poco
más de 2.200 rpm. El motor puede con ella incluso en rampas
que no sean muy fuertes, pero da poca aceleración. Para mantener
un ritmo más o menos rápido en autovía hay
que recurrir a la quinta después de alguna retención.
Con
7.000 km, nuestra unidad de pruebas estaba suficientemente rodada.
Renault recomienda no pasar de 2.500 rpm ni acelerar mucho durante
los primeros 1.500 km, y advierte que el motor no alcanza su máximo
rendimiento hasta que tiene unos 6.000 km.
Gasta tan poco como cabe esperar. En carrera, con
una conducción suave pero no lenta, puede estar en torno
a 7 l/100 km. En carretera de doble sentido, si se aprovecha con
frecuencia la máxima capacidad de aceleración, puede
llegar a 11. En una autovía con tráfico no muy fluido
y rampas frecuentes, a una media real de 160 km/h, ha gastado 10,5
l/100 km. Con aire acondicionado el consumo sube, hasta el punto
que en ciudad y con calor puede aumentar unos 2 l/100
km.
No es un motor particularmente suave, pero tampoco
es de los peores. Tiene la ventaja en viajes por autovía
de que la sexta velocidad lleva el motor a bajo régimen.
Como ocurre con otros Diesel modernos, a velocidad constante puede
ser más silencioso que un gasolina, aunque al ralentí
o en aceleración no es. A velocidad constante moderada o
normalmente alta lo que más se oye es el aire. El ruido aerodinámico
se nota más de frente que en los lados; es curioso que sea
así porque Renault ha estrenado en el Laguna un parabrisas
con una lámina interior para reducir el ruido.
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