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Uno de los mejores, especialmente por seguridad
El único Laguna que he conducido por el momento es
el 1.9 dCi berlina, en un recorrido de 50 km por autopista, carreteras
rápidas de doble sentido y travesías, siempre sobre suelo mojado.
La unidad de pruebas tenía control de estabilidad y unas ruedas
completamente inadecuadas para este coche y estas circunstancias:
225/45 17.
No puedo ser concluyente sobre la estabilidad, pero
me ha dado la impresión de que las reacciones de este nuevo Laguna
son muy similares a las del antiguo, que era un coche de una estabilidad
notable. Pese a ser más pequeño que un Mondeo, no
parece tener menos capacidad para mantener la trayectoria en carreteras
rápidas. En carreteras lentas es ágil, pero parece más capaz que
otros coches de mantener la trayectoria incluso en fuertes desaceleraciones
en curva; creo que en esas condiciones tiende a sobrevirar menos
que el nuevo Mondeo. También me ha parecido en conjunto
mejor que un C5.
Lo
que sí puedo decir es que es un coche muy cómodo. A pesar de que
las ruedas que lleva son negativas para el confort, el coche neutraliza
muy bien las irregularidades del suelo y no resulta en absoluto
blando de suspensión.
El motor no parece más ruidoso de lo normal y sí
más suave. No se le notan tantas vibraciones como a otros, suena
mucho en aceleración (como casi todos) y a velocidad constante tiene
un sonido grave pero apagado. De hecho, a 160 km/h, sea en quinta
o en sexta velocidad, lo que más se oye en el coche es el aire (que
se oye mucho) y el ruido de rodadura, con el sonido grave del motor
de fondo.
El motor es semejante al del Mondeo nuevo. No es
un Diesel explosivo como los del Volkswagen, pero proporciona una
aceleración alta y constante hasta unas 4.300. A partir de ahí sigue
empujando, pero con menos fuerza; en casos extremos se puede aprovechar
el motor hasta unas 4.600 rpm.
Una caja de seis marchas puede ser muy ventajosa
para un Diesel por dos causas: primero, porque su mayor par
hace que pueda soportar mejor una sexta marcha de desarrollo muy
largo, lo que beneficia el consumo, la emisiones y el ruido. Segundo
porque, al tener más marchas, el salto que hay entre las
más cortas se puede reducir, de manera que el motor no caiga
tanto de vueltas al cambiar de una a otra. Renault ha aprovechado
esta caja de seis marchas para lo primero, pero no para lo segundo.
Esta
sexta está hecha para ir más bien rápido. Cuando
va a 160 km/h en sexta el motor apenas llega a 3.000 rpm. En esas
condiciones tiene aún suficiente capacidad para acelerar
un poco si es preciso, o para vencer rampas suaves. A 120 km/h,
en cambio, el motor va a poco más de 2.200 rpm; aunque en ese régimen
da el par máximo (270 Nm entre 2.000 y una 2.600 rpm, si se pisa
a fondo el acelerador), la proporción de ese par que llega a la
rueda es pequeña debido al desarrollo tan largo. Así, apenas
acelera y una rampa leve hace necesario cambiar a quinta.
El salto entre marchas cortas es tan grande o más
que en una caja de cinco marchas. Para adelantar a un vehículo que
vaya a 80 km/h la segunda se queda corta y en tercera el coche sale
desde 3.200 rpm, lo que no da mucha aceleración.
El puesto de conducción es bueno. El asiento que
tenía esta unidad de pruebas era suficientemente firme (los de Renault
suelen ser blandos) y muy envolvente. Para mí está bien, para un
compañero más corpulento resultaba algo estrecho. Renault ha corregido
el problema que creaba el anterior Laguna a quienes conducimos poco
tendidos, ya que el recorrido en la inclinación del respaldo es
ahora suficientemente amplio.
También el acceso a los mandos es mejor de lo corriente
en Renault (que no suele ser bueno), pero los mandos de la climatización
siguen estando en la parte de abajo de la consola y agrupados en
una superficie pequeña; hay que mirarlos para encontrar el mando
adecuado para hacer algún cambio.
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