El familiar gana al monovolumen
El motor con el que hemos comparado estas dos
carrocerías es el 1,6 litros de 16 válvulas de 107 CV (Renault lo
llama 110 CV, pero está homologado con 79 kW). Es un motor de muy
buen rendimiento,
con fuerza a todo régimen, capacidad para llegar a un régimen
relativamente alto y que no gasta mucho. Responde muy bien en los
dos casos y, para las personas que no van a usar mucho el coche, resulta
preferible al dCi del Scenic porque sale mucho más barato.
Las prestaciones que hemos obtenido también son favorables al Break,
tanto en adelantamiento como en recuperación.
Para quien sepa adelantar bien, no obstante, el Scénic puede compensar
en parte esa menor aceleración con un puesto de conducción más alto.
Al tener más visibilidad, se puede anticipar mejor el adelantamiento
y empezarlo con más «carrerilla».
La
distancia de frenada es prácticamente igual; el Scénic lleva discos
atrás y el Break no. Ahora bien, es más fácil frenar con el familiar
en condiciones adversas, como curvas o suelo irregular.
La estabilidad del Break es mejor. Es más fácil entrar en una curva
porque hay menos retraso entre el giro del volante y la respuesta
del coche; en condiciones normales es sólo una cuestión de tacto
a la que hay que acostumbrarse. Cuando verdaderamente es necesario
que un coche sea estable, entonces es más fácil acertar con el Break
que con el Scénic.
Los dos son coches confortables, pero el Scénic hace un poco más
de ruido y se balancea
más en las curvas que el Break.
En ciudad es más fácil circular y aparcar con el Scénic, porque
tiene un puesto de conducción que da más visibilidad y porque tiene
menos diámetro de giro entre paredes. El diámetro de giro entre
bordillos es el mismo, pero el Break es más largo y puede crear
más problemas para aparcar o moverse entre columnas. El principal
inconveniente del Scénic en ciudad es que su volante está más inclinado
y, por tanto, resulta menos fácil de mover.
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