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Lo mejor del Clio RS es lo eficaz que resulta al realizar una
conducción deportiva.
Esta característica es más evidente cuanto más
lenta sea la carretera por la que circulemos.
Aunque la suspensión impide que la carrocería
llegue a tener movimientos verticales amplios, no resulta
incómoda (para tratarse de un coche deportivo). Me
ha gustado más que otros modelos que utilizan un amortiguador
duro (en relación al muelle que llevan) y que parecen
cómodas pero responden con mucha brusquedad ante irregularidades
que hacen trabajar con mucha velocidad a la suspensión,
como puede ser la de un Ford Focus ST o un Saab 9-3 Aero.
Un SEAT Leon FR o un SEAT Ibiza Cupra tienen una suspensión
más parecida a la del Clio, pero resultan algo
más secas.
En carreteras lentas, a un ritmo alto, entra en las curvas con mucha facilidad, sin desviarse de la trayectoria y con un balanceo de carrocería contenido. Todo esto lo hace con aparente sencillez y sin ser muy exigente con quien lo conduce. En este sentido es preferible a un Mini Cooper S.
Algo
que distingue al Clio de otros coches similares es que se
puede empezar a acelerar antes de lo habitual a la salida
de una curva.
En otros coches tan potentes con tracción delantera
hay que esperar a que las ruedas estén casi rectas
para poder acelerar a fondo. De lo contrario, la trayectoria
se abre notablemente. En el Clio, casi siempre, se puede acelerar
con bastante intensidad poco después de comenzar a
abrir la dirección. El coche aguanta la trayectoria
sin subvirar y sin acusar pérdidas de tracción,
incluso a la salida de curvas muy lentas. Estas valoraciones
son válidas sobre asfalto seco; no he podido probarlo
sobre mojado.
No es un coche tan ágil como lo era el 206 RC pero
sí permite un cierto sobreviraje al ahuecar
cuando el coche está muy apoyado. El control de estabilidad
deja que haya este pequeño deslizamiento antes de entrar
en funcionamiento; cuando lo hace, es de forma contundente
y breve. Su funcionamiento, con una programación diferente
al resto de la gama Clio, me ha parecido muy satisfactorio.
La capacidad de tracción es también muy buena,
haciendo casi innecesario el dispositivo de control correspondiente
en asfalto seco. Ambos sistemas son desconectables pero, por
lo bien que funcionan, me parece absurdo hacerlo en carretera.
Parte de las cualidades anteriores tiene que ver con el buen rendimiento de los neumáticos. El Clio RS estrena la nueva gama SportContact3 de Continental (de medidas 215/45 R17). Por ahora no sabemos cómo van en mojado, pero en seco su nivel de adherencia es muy alto.
Los pinzas de freno son Brembo
delante y TRW
detrás (las dos unidades que hemos tenido llevaban
pastillas Galfer).
Una vez acostumbrados a que una ligera presión sobre
el pedal del freno implica una deceleración más
brusca de lo normal, es difícil encontrarles algún
pero: consiguen detener el coche en pocos metros (ha necesitado
los mismos metros que un BMW M3 en la frenada desde 120 km/h)
y aguantan un trato exigente sin disminuir su rendimiento
de forma apreciable.
La dirección conserva ese tacto peculiar de toda la gama Clio. El inicio de giro del volante no tiene respuesta inmediata en la trayectoria. Una vez que se supera ese momento, el coche responde con rapidez a la variación que le indicamos.
Otro inconveniente de la dirección tiene que ver con las sensaciones que transmite: hay coches en los que la dirección da información muy precisa sobre la adherencia en ese momento (por cómo se endurece o aligera), en el Clio Sport no es así. A pesar de ello, permite dirigir adecuadamente el coche.
Mi compañero Enrique Calle condujo este coche en el
circuito de Braga (Portugal) durante la presentación.
Sus opiniones en esas circunstacias fueron las siguientes:
En circuito el Clio Renault Sport se desenvuelve bien, y eso es decir mucho para un coche de serie. El control de estabilidad permite conducir a un ritmo fuerte sin tener la sensación de que el coche se queda frenado en los apoyos más violentos o en las curvas más lentas: incluso puede llegar a comenzar un sobreviraje sin que entre apreciablemente en funcionamiento.
La motricidad es suficientemente buena incluso sobre piso mojado y los frenos detienen el coche en distancias cortas, y después de tres vueltas seguidas a un ritmo rápido, no mostraron síntomas de fatiga.
Los neumáticos delanteros sí perdían eficacia
a medida que se calentaban (lo que por otra parte es normal
en unas ruedas pensadas para carretera). Se notaba porque,
a medida que tomaban temperatura, el coche se tornaba algo
más torpe y era más difícil evitar el
subviraje. Este extremo es inapreciable en carreteras abiertas
al tráfico. |