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Aceleración en todos los sentidos

Otra
de las cualidades del Porsche 911 Turbo es que se puede utilizar
todos los días normalmente. Aguanta la bajada a tope por
un puerto de montaña tan bien como la pesadez del tráfico
congestionado en la ciudad. La elasticidad
del motor permite circular en cualquier marcha y a cualquier velocidad
sin necesidad de tener que accionar permanentemente el cambio. No
hay tirones incómodos, no hay calentamiento desproporcionado
de la mecánica, el cambio es suave en un uso tranquilo y
no hay que hacer mucha fuerza sobre el pedal de embrague. Además,
el Porsche Turbo nos deja acceder sin grandes problemas a cualquier
aparcamiento subterráneo (algo que otros deportivos llevan
mal) y maniobra con una soltura que nos sorprende en un coche tan
deportivo. Los que quieran todavía una mayor comodidad pueden
adquirir opcionalmente el cambio
automático Tiptronic S con cinco marchas y mandos en
el volante, por primera vez disponible en los Porsche 911 Turbo.
Las dos plazas traseras son inservibles para adultos, pero ofrecen
la posibilidad de viajar sin problemas con dos niños, si
no van en sillas que sean muy voluminosas. Estas dos plazas se pueden
convertir en un espacio adicional de carga (200 litros) abatiendo
sus respectivos respaldos, dando opción de colocar varias
maletas o bolsas de tamaño mediano que amplían la
capacidad de carga del 911 Turbo, cuyo reducido maletero sólo
tiene 100 litros de volumen. El problema en ese caso es que las
maletas se pueden mover al frenar.
El puesto de conducción del 911 Turbo (carrocería
996) ha mejorado respecto al anterior 911 Turbo (carrocería
993), por un lado gracias a la posibilidad de regular el volante
en distancia y, por otro, a la disposición de los pedales,
más cómodos de accionar. El asiento del conductor
tiene regulación eléctrica con tres memorias y múltiples
reglajes (incluido altura e inclinación de la banqueta) que
permiten encontrar una acertada posición al volante. La memoria
de los asientos incluye la posición de los retrovisores,
de forma que sólo hace falta apretar un botón para
ajustar todo tal y como lo teníamos de forma automática.
El
volante forrado en cuero tiene un corte muy deportivo (más
grueso a las 10:10) y resulta muy agradable de empuñar. Nuestra
unidad de pruebas tenía un pomo de cambio opcional que está
hecho en aluminio y fibra de carbono, una combinación que
resulta muy atractiva pero también algo resbaladiza cuando
accionamos la palanca con rapidez.
Todos los mandos se encuentran a mano y se accionan con facilidad,
en especial la instrumentación situada tras el volante y
completada con un ordenador de viaje: tiene indicadores analógicos
para velocidad, régimen de giro del motor, temperatura del
agua, presión de aceite, tensión de la batería
y nivel de combustible. También hay indicadores digitales
que marcan la presión de soplado del turbo, kilometraje total
y parcial, nivel de aceite y velocidad instantánea. Porsche
es la única marca que conozco que tiene dos velocímetros
en sus coches, uno analógico y otro digital, algo que parece
absurdo pero que en la práctica resulta muy útil.
El ordenador de viaje marca la velocidad media, consumo medio, autonomía
y temperatura exterior, además de ofrecer un check control
que indica 35 diferentes aspectos (nivel bajo de distintos fluidos,
puertas abiertas, cinturón de seguridad desabrochado, freno
de mano accionado o luces fundidas, entre otros).
El interior es muy caluroso, lo que obliga a llevar permanentemente
la ventilación o el aire acondicionado aunque la temperatura
exterior sea suave. Se agradecería algún hueco más
para dejar pequeños objetos, a pesar de tener bolsas con
tapa en las puertas y una pequeña guantera con llave entre
los asientos.
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