Deportivo en esencia
El accionamiento del cambio es rápido y preciso;
permite subir de marcha con una rapidez extraordinaria. El recorrido
de la palanca entre los cambios es claramente más corto que
en el anterior modelo (996) y también sorprende la suavidad
con la que es posible seleccionar las velocidades.
Tiene unos desarrollos de transmisión cortos que están
muy bien adaptados para sacar el máximo partido al motor,
con unos saltos entre marchas peculiares. Hay mucho salto entre
primera y segunda; un salto normal entre segunda y tercera; y saltos
muy cerrados entre las otras tres marchas. Ocurre algo muy inusual:
la quinta está más cerca de la cuarta que la sexta
de la quinta.
El desarrollo final es tan corto, que obtiene la velocidad máxima
a 7.345 rpm, prácticamente en el corte de inyección
y muy por encima del régimen de potencia máxima.
Comparado con el cambio manual, me ha defraudado el cambio automático
«Tiptronic» que se ofrece en opción. Sólo tiene cinco
marchas y no da una respuesta igual de contundente al acelerador,
aunque la fuerza del motor sigue ahí y da mucho empuje también
en la versión automática.
El
cambio «Tiptronic» ofrece dos modalidades de uso: una completamente
automática y otra manual con selección secuencial
de las marchas.
En la primera, la gestión electrónica adapta los
cambios al estilo de conducción realizado. En conducción
tranquila, los cambios se producen de forma más suave y a
menor régimen, mientras que en conducción deportiva
sube de marcha con más rapidez; cambia a 7.200 rpm cuando
aceleramos a fondo.
Dicha modalidad automática resulta muy cómoda en
el uso cotidiano por ciudad y permite disfrutar de las posibilidades
dinámicas del coche en buena medida, pero no va del todo
fina en una conducción a fondo.
La otra modalidad de uso nos permite seleccionar las marchas manualmente,
pulsando el doble mando secuencial situado a los lados del volante
(«Tiptronic» S). Las marchas entran con rapidez y suavidad, pero pasa
demasiado tiempo desde que pulsamos el botón hasta que se
produce el cambio.
En cambios ascendentes se nota algo menos, pero en reducciones
es un poco desconcertante, porque puede dar la sensación
de que vamos a entrar en la curvas en una marcha más larga
de lo deseado. Por si fuera poco, en conducción a fondo,
dicho retardo acaba haciendo que la reducción se produzca
en medio de la curva, lo que provoca un latigazo del eje trasero
por el efecto de la retención.
La
cosa no mejora ni con punta-tacón, porque ese tiempo de retardo
hace realmente difícil acompasar correctamente el golpe de
acelerador con el momento preciso de la reducción.
Por primera vez, se ha eliminado la posibilidad de selección
en la palanca de cambios que existía en los anteriores 911
y sólo se puede cambiar pulsando los mandos secuenciales
del volante. Según los técnicos de Porsche no se debe
cambiar con el volante girado, algo en lo que tienen parte de razón,
pero en conducción muy deportiva, a veces nos pide subir
una marcha a la salida de la curva, cuando todavía tenemos
el volante girado.
Así pues, probando a fondo en la modalidad manual, he llegado
al corte de inyección repetidas veces sin ser capaz de atinar
con el botón pertinente del volante, algo que no habría
pasado si hubiera podido subir de marcha con la palanca de cambios.
En tal situación nos resulta mucho más difícil
pulsar los mandos secuenciales del volante que mover la palanca
de cambios, sobre todo, si tenemos en cuenta que la situación
y comodidad de manejo de dichos mandos del volante me sigue pareciendo
mejorable en el Carrera S pues obligan a mover la mano más
de lo deseable para accionarlos.
Con todos estos inconvenientes, la solución más efectiva
para realizar una conducción deportiva con la caja «Tiptronic»
me ha parecido combinar el cambio en modalidad automática
(para evitar llegar al corte de inyección a la salida de
las curvas) con el manejo manual de los pulsadores del volante,
subiendo o reduciendo de marcha cuando lo creamos conveniente. Después
de probar ambas versiones del Carrera S, me queda claro que con
el cambio manual podremos llegar a ir más rápido e
incluso seguro al realizar una conducción mucho más
fina y precisa.
Creo que el cambio automático «Tiptronic» no está a
la altura del Carrera S, ni por rapidez de funcionamiento ni por
manejo. A ver cuando Porsche nos sorprende con un cambio tipo «DSG»
con doble embrague, del que fueron pioneros en sus Porsche 962 de
Sport Prototipos en 1986.
La falta de precisión y lentitud a la hora de reducir con
el cambio «Tiptronic» también le resta cierta eficacia a los
frenos de las versiones automáticas. Si en el Carrera S con
cambio manual los frenos aguantan un trato extremo sin desfallecer,
en la versión «Tiptronic» podemos llegar a apreciar ligeros
síntomas de sobrecalentamiento.
Los discos sufren más al no contar con la misma capacidad
de retención que ofrecen las versiones con cambio manual
en las reducciones y, aunque tampoco llegan a perder mordiente o
capacidad de frenada, sí notamos cómo se resiente
ligeramente su eficacia. También es cierto que, para llegar
a apreciar dichos síntomas, tendremos que realizar una conducción
realmente exigente. |