Suavidad, confort, buen precio y poco espacio

El 407 tiene una suspensión que lo hace cómodo
en casi toda circunstancia. Cuando se encuentran baches pequeños,
sobre todo si se circula despacio, la suspensión los absorbe
de manera que los ocupantes los sienten muy poco. Creo que no llega
a ser tan cómodo en este sentido como un Citroën C5
(que es de los que más aísla), pero sí más
que un Laguna (sobre todo si el Laguna lleva llantas de 17”)
o un Ford Mondeo.
Esos baches que causan un movimiento rápido de la rueda
afectan poco a la carrocería. Por el contrario, si hay baches
que crean un movimiento más lento en la rueda, lo que se
nota dentro es que la carrocería se mueve algo más
que en otros coches.
Cuando la carrocería se mueve en carreteras más bien
rápidas, bien es porque la suspensión es dura y absorbe
poco, o bien porque es blanda y genera movimientos de carrocería
muy amplios. El 407 está más cerca de este segundo
caso, aunque desde el punto de vista de la estabilidad, no me parece
que la suspensión blanda sea un problema en este 407.
Cuando un coche se mueve (por suspensión dura o blanda),
hay casos en que ese movimiento afecta mucho a la trayectoria y
otros casos, como el del 407, que lo afecta poco. En el 407 se puede
notar cómo la carrocería experimenta movimientos amplios
de cabeceo y balanceo, sin que sea necesario mover el volante para
corregir un eventual desvío.
La estabilidad del 407 me parece buena en general, aunque tiene
algunas características que lo distinguen de otras berlinas
de este tipo. Comparativamente, va mejor en carreteras lentas y
medias (de segunda, tercera y a veces cuarta) que en las rápidas
(de quinta y sexta). Esto no es muy común en berlinas de
este tipo.
En
carreteras lentas es un coche ágil; está al nivel
del Ford Mondeo, que es uno de los mejores coches en este sentido.
Como el Mondeo, el 407 se distingue por lo bien que entra en la
curva. Cuando en otros coches es necesario anticipar mucho el giro,
en el 407 hay un intervalo pequeño entre el movimiento del
volante y del coche.
Una vez dentro de la curva, es uno de esos coches que todavía
tienen un margen para modificar la trayectoria con el volante o
con el acelerador; esto es posible sin que las cosas se compliquen
mucho. Las reacciones del 407 no son bruscas; si se hace una maniobra
violenta (por necesidad, error o impericia), el control de estabilidad
lo sujeta adecuadamente, dentro de lo posible.
El control de estabilidad se puede desconectar (y es aconsejable
hacerlo) si se circula con cadenas o si el coche ha quedado atascado
con una rueda en una cuneta nevada o algo así. Aunque se
desconecte, se pone en funcionamiento automáticamente a partir
de 50 km/h.
Los frenos me parecen satisfactorios en un uso normal y aguantan
un trato algo más intenso del normal. La unidad que hemos
probado tenía un tacto de pedal algo blando, que hacía
algo más difícil de lo normal dosificar una frenada.
Los intermitentes de emergencia se encienden automáticamente
en una frenada fuerte. Como en otros modelos de Peugeot y Citroën,
me parece que esa función está mal calibrada porque
lo hace en muchas ocasiones en las que no es necesario.
Hay que manejar con cuidado los intermitentes de emergencia porque
pueden provocar retenciones innecesarias, que incluso pueden acabar
en accidentes. Sólo hay que ponerlos cuando sea necesario,
no «por si acaso»; en el 407 se encendían solos
hasta circulando medianamente rápido por una carreteras con
curvas. |