Buena respuesta
del motor e incómodo de conducir
En carreteras lentas, la segunda resulta corta y
la tercera larga. En segunda, con tanta capacidad de aceleración,
se acumula el trabajo porque hay que pasar a tercera cuando la curva
apenas ha concluido y todavía hay que estar trabajando con
el volante. Si se acomete el giro en tercera no se pasa despacio
y al final resulta menos brusco y más placentero. Salvo en
subidas fuertes, hay pocas curvas que compense tomarlas en segunda.
El motor es agradable de utilizar pero no da las
prestaciones que se pueden suponer de sus 280 CV. El Nissan 350
Z tiene una relación entre peso y potencia un diez por ciento
mejor que la del Alfa Romeo 147 GTA, y por tanto debería
acelerar más. Pero en realidad no es así, coincide
en aceleración con coches como el 147, un Focus RS 200 o
un León Cupra R, y no es mucho más rápido que
un Astra Coupé Turbo. Por el contrario, sí lo es ligeramente
más que un Mercedes SL 500.
Las
recuperaciones son normales para un coche con un motor de este tipo,
que pesa menos de 1.500 kg y no tiene desarrollos muy largos. Es
mejor que el 147 GTA y peor que el León Cupra R (que también
recupera mejor que un M3). La velocidad máxima que anuncia
el fabricante se consigue en sexta marcha, a un régimen de
sólo 5.670 rpm, 500 rpm por debajo del régimen de
potencia máxima y 1.000 rpm por debajo del corte.
Sin comparar los datos con otros modelos, la sensación que
percibe el conductor es buena. El motor resulta agradable de llevar
y no se aprecian baches en la gama de revoluciones. Si acaso se
nota que a partir de 4.500 rpm empuja relativamente con más
fuerza que por debajo de ese régimen y lo hace con decisión
hasta el corte, que se sitúa sobre 6.700 rpm.
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