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Al nivel de sus rivales,
salvo por el motor
Con el aire acondicionado conectado y las salidas
de aire del salpicadero abiertas, no conseguía evitar corrientes
de aire (especialmente en la mano izquierda). De las dos salidas
de aire que hay para los pies del conductor, la derecha está
mucho más cerca del pie derecho que la izquierda de su pie
correspondiente; yo notaba diferencias claras de temperatura.
Los mandos de la regulación eléctrica de la altura
de los faros y de los espejos retrovisores no quedan a mano; para
regular estos últimos hay levantar la espalda del respaldo.
Sí están muy accesibles los mandos que controlan la
climatización y el sistema de sonido.
El
asiento de la versión Visia, que tiene un mullido más
bien firme, es funcionalmente similar al de la versión Acenta.
En la posición más baja el apoyo en la zona lumbar
es grande, pero deja los hombros con muy poca sujeción.
Es difícil alcanzar el mando del ajuste lumbar, y las dos
ruletas que regulan la altura de la banqueta son duras; creo que
es mejor el método de palanca con carraca.
Por la altura a la que está la banqueta del asiento con
respecto al piso, la posición al volante es más parecida
a la de un Citroën C5 que a otros modelos, sobre todo berlinas
alemanas, que tienen una posición más baja de la banqueta.
A pesar de ir así de altos, el capó delantero no se
ve (pero como es corto es fácil estimar las distancias).
Es mejorable la visibilidad trasera.
Entre los fallos que he visto en la unidad de pruebas están:
la tapa de fusibles se caía y era muy difícil ponerla
en su sitio; el cierre del apoyabrazos se soltó de su sitio;
no tiene muelles para sujetar el capó y a la varilla le falta
algo por donde agarrarla sin que queme, hay que tener cuidado al
soltar el mando de ajuste del volante, porque sale disparado con
fuerza.
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