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Se notan más los fallos que los aciertos
Entre
los nuevos Nissan Almera, el modelo 2.2 Di 16V ha sido el que más
atención ha generado por varios motivos: los turbodiésel de inyección
directa están de moda (la gasolina sube y sube sin parar), su
motor de 110 CV es completamente nuevo (fabricado en España)
y tiene una relación precio equipamiento favorable. Además,
hay una razón por la que el Almera puede ser recomendable:
Nissan da una garantía de cinco años sin límite
de kilómetros.
Sin embargo, nos ha defraudado en dos aspectos que se dejan notar
más que las facetas positivas del coche: no nos ha gustado
el motor ni la habitabilidad. Esperabamos un motor más elástico,
teniendo en cuenta su cilindrada
de 2,2 litros (superior a la de sus numerosos rivales). Tiene mucho
empuje y aporta una gran aceleración, pero no resulta tan
agradable de conducir como los motores TDi de Volkswagen y Seat
, dTi de Renault o HDi de Peugeot y Citroën, entre otros.
Las
suspensiones son muy suaves y condicionan su estabilidad, que es
buena en general pero mejorable a causa de los rebotes que no impide
la amortiguación; dirección, cambio y frenos están equilibrados.
En el interior, sorprende por la cantidad de detalles que incorpora
y que resultan de gran utilidad: múltiples guanteras, porta CD's,
reposabrazos y posavasos delante y detrás, doble espejo de cortesía
con luz, portamonedas, toma de corriente adicional, cintas enrollables
para sujetar maletines o paraguas y cuatro lectores de mapas, entre
otros. En habitabilidad, en cambio, no da la talla por la falta
de espacio en las plazas traseras; es uno de los modelos compactos
que tiene menos anchura y espacio para las piernas. La altura libre
al techo es suficiente y el volumen del maletero (355 litros) está
al nivel de sus rivales.
El Nissan Almera 2.2 Di 16V está disponible con carrocería de tres
o cinco puertas y en tres niveles de equipamiento: Comfort (3 y
5 puertas), Sport (3 puertas) y Luxury (5 puertas). Estos dos últimos
son los que hemos probado.
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