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Un capricho con razón
Si
se valoran cualidades objetivas como prestaciones, consumo, habitabilidad,
seguridad activa, confort y equipamiento en relación al precio
del coche, hay distintos utilitarios preferibles al Mini One. Por
ejemplo, un Renault Clio 1.4 es globalmente un producto mejor, especialmente
para quien le dé importancia al hecho de que cuesta unas
600.000 pesetas menos (unos 3.600 euros).
Ahora bien, para quien aprecie del Mini cualidades subjetivas como
la línea o la escasa difusión que va a tener (comparada
con la de un Clio), puede ser un coche recomendable. No es un capricho
inútil, sino que tiene ciertos valores al margen de que apetezca
mucho o poco.
En utilidad práctica y en relación entre precio y
equipamiento no está la altura de otros utilitarios, aunque
tampoco muy lejos, según con cual se compare. Tiene la ventaja
de que su equipamiento puede ser muy rico, porque el catálogo
de opciones es amplio.
En
las plazas traseras hay poco espacio, es muy incómodo llevar
a un adulto o instalar a un niño en su silla adecuada. En
cambio, tiene más espacio en las plazas delanteras que muchos
otros coches de su tamaño y aún mayores. Además,
el interior está dispuesto de manera que da una gran sensación
de amplitud.
En seguridad activa está al nivel de los mejores, por estabilidad
y frenada. Le falta control
de estabilidad, que estará disponible en enero
de 2002. Es un poco incómodo por suspensión y, por
ruido, bueno a velocidad constante y no tan bueno en aceleración.
En ciudad no es tan maniobrable como otros de su tamaño.
En carretera responde bien dada su potencia, siempre que se acelere
en marchas cortas; en marchas largas da menos aceleración
que otros. El consumo varía mucho en función de cómo
se conduzca con él; no es de los más económicos
en ningún caso.
La calidad es superior a lo normal en esta clase de coches, pero
no está a la altura de BMW, que es quien lo fabrica en Inglaterra.
Mecánicamente, este Mini no tiene nada que ver con el anterior
y es mucho más grande.
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