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Algo más que un Rover
25 con alerones y aspecto deportivo
Durante la presentación internacional he
tenido oportunidad de probar al límite el ZR 160 y algo menos
el ZR TD. La primera impresión al volante de estos coches ha
sido muy positiva. De entrada, el puesto de conducción es agradable
(a pesar de haberlo probado con volante a la derecha), aunque me parece
mejorable, sobre todo porque el volante (regulable en altura) se queda
un poco lejos y el pedal del acelerador y freno están un poco
lejos para realizar bien el punta-tacón.
Los asientos bacquet
se regulan en altura y apoyo lumbar, son muy cómodos, tienen
una sujeción lateral excelente y están forrados parcialmente
en un cuero de tacto suave que está del mismo color de la carrocería.
Tanto el volante como el pomo del cambio están forrados en
cuero y la instrumentación con fondo plateado es muy "racing",
aunque se echa en falta algún indicador más (presión
de aceite, por ejemplo).
El
rápido circuito británico de Pembrey
(Llanelli, Gales) me ha permitido buscarle las «cosquillas»
al bastidor. La primera idea que me viene a la cabeza es que, una
marca que se atreve a dejar probar sus coches de serie en un circuito
de carreras es porque está segura de que van muy bien. Después
de dar unas vueltas con el ZR 160 lo comprendo perfectamente. Las
suspensiones aguantan muy bien los apoyos fuertes y las reacciones
del coche son progresivas en todo momento. Hay que tomarle el pulso
a los movimientos del eje trasero, pero se aguanta suficientemente
y desliza sólo cuando ya vamos muy rápido, lo que
facilita la entrada en las curvas. El cambio es rápido y
preciso, aunque me obligaba siempre a marcar muy bien el paso de
quinta a cuarta (también noto que me falta cierta falta de
precisión en el manejo del cambio con la mano izquierda).
La dirección tiene un excelente tacto y se muestra precisa
en todo momento, mientras que los frenos responden con potencia
y resisten bien el trato exigente. El tacto de frenada me ha gustado,
sobre todo porque permite apurar mucho la frenada sin que su ABS
(Bosch) entre en acción antes de tiempo (por lo menos sobre
asfalto muy liso).
El motor 1.8 16V de 160 CV empuja con energía
y transmite sensaciones deportivas, aunque sin llegar al tirón
de, por ejemplo, el Clio Sport 2.0 16V. El conductor no aprecia
los cambios que realiza su sistema de distribución
variable VVC (Válvula de Distribución Variable),
pero sí se nota que va mejor a partir de 4.500 rpm y estira
con fuerza hasta la zona roja del cuentavueltas, situada a 7.000
rpm. Los desarrollos
del cambio son cortos y están bien escalonados, lo que
permite sacar un mayor provecho al potencial del motor.
En
carretera abierta, se siente que las suspensiones son duras, pero
tampoco resultan excesivamente secas o incómodas y el sonido
del motor es alto pero no atronador. Sí es muy elevado el
ruido de rodadura que provocan sus neumáticos 205/45 ZR 17.
El turbodiésel (ZR TD) sólo lo he podido
conducir durante unos pocos kilómetros, los suficientes como
para convencerme de su buena estabilidad y destacables prestaciones.
El motor Diesel de inyección
directa, turbocompresor
e intercooler
tiene una buena respuesta, comienza a empujar con fuerza desde 1.750
rpm y estira sin problemas hasta la zona roja del cuentavueltas
(4.500 rpm) en las marchas cortas. Se anuncia una velocidad de 183
km/h y 10,4 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h. Al ralentí
tiene un sonido total a Diesel, pero en marcha se camufla mucho,
en parte también porque el sonido de rodadura es elevado
a causa de sus neumáticos anchos (205/50 VR) montados sobre
llantas de aleación de 16" de diámetro (opcionales
de 17"). El cambio es rápido, aunque no tanto como en
el ZR 160, y las suspensiones parecen un poco más suaves,
aunque siguen siendo duras y aportan un excelente aplomo. Por otro
lado, la frenada es potente, pero tiene tambores
traseros en vez de discos macizos.
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