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Un cupé cómodo y deportivo
He tenido ocasión de conducir las versiones
240, 320, 500 y 270 CDI, y me he quedado con las ganas de probar
el 200 Kompressor y el 200 CGI (el 55 AMG sólo estaba de
exposición y no me dio tiempo ni a mirarlo). Todos los modelos
que he conducido tenían el cambio automático de cinco
marchas con mando
secuencial y llantas de aleación de 17 pulgadas con neumáticos
anchos. Probablemente, todos tuvieran también el denominado
«tren de rodaje deportivo».
Las apreciación común que se me ocurre
es que los nuevos CLK son unos cupés muy cómodos pero
con talante deportivo. Cualquiera de estos modelos destaca por su
facilidad y agrado de conducción, elevada estabilidad,
ejemplar insonorización y sobresaliente nivel de terminación.
El CLK 240 (170 CV) me ha parecido suficientemente
ágil. El motor es suave y silencioso, con una respuesta correcta
a cualquier régimen. Lástima que no lo haya podido
comparar con el 200 K (163 CV) y el 200 CGI (170 CV) ya que me sigue
resultando un poco chocante que la marca tenga tres motores de similar
potencia para el mismo modelo.
El
CLK 320 es quizá el más equilibrado: brioso, rápido,
bien asentado, una delicia en cualquier circunstancia. Al igual
que el CLK 240, sube redondo hasta 6.000 rpm y en ese punto se produce
el cambio automático a la siguiente marcha.
El CLK 270 CDI ha sido una grata sorpresa. Ya había
tenido ocasión de probar este motor turbodiésel de
170 CV en el anterior Clase E y no me extraña que se hayan
atrevidoa montarlo en el CLK. Al ralentí podemos apreciar
cierto sonido Diesel, pero en marcha nos llega el agradable ronquido
de sus cinco cilindros en línea y un empuje enérgico
desde bajo régimen. Por prestaciones me ha parecido perfectamente
al nivel del motor V6 del 240, creo que no tiene nada que envidiar
en aceleraciones y me parece todavía mejor en capacidad de
recuperación.
Y encima, con un menor consumo. A igualdad de precio me quedaría
con la versión Diesel.
El CLK 500 son palabras mayores. Su motor V8 de 306
CV empuja con coraje y a partir de 3.500 rpm su sonido se hace todavía
más grave y espectacular. Tira con mucha fuerza hasta 6.200
rpm, punto en el cual el cambio automático selecciona la
siguiente marcha (la zona roja del cuentavueltas está a 6.000
rpm). Me ha parecido más duro de suspensiones que el resto
de los modelos, aunque no mucho menos cómodo. Creo que en
el CLK 320 se notaba algo más el movimiento de la carocería
en curvas y un ligero cabeceo al acelerar, sensaciones que no he
tenido en el CLK 500.
Todos
ellos, a su nivel, tienen una estabilidad sensacional, con una ligera
tendencia a subvirar que los hace muy predecibles y fáciles
de conducir, si bien el eje delantero no entra en las curvas con
tanta precisión y eficacia como en deportivos del estilo
del Porsche 911, Honda S2000 o BMW M3 (el verdadero rival de ellos
sería el 55 AMG). Incluso desconectando el control
de estabilidad (ESP) es poco probable que un Mercedes-Benz CLK llegue
a hacer un extraño. Por otro lado, el ESP que lleva Mercedes-Benz
(Bosch) me sigue pareciendo tan eficaz en sobreviraje
como ineficaz en subviraje,
un aspecto claramente a mejorar.
La nueva dirección de cremallera asistida
es suficientemente directa y tiene un agradable grado de asistencia.
El cambio automático también me parece muy cómodo
de accionar y con un funcionamiento suave, aunque resulta un poco
lento en las reducciones cuando realizamos una conducción
muy deportiva.
La capacidad de frenada creo que es ejemplar. No
he podido probar a fondo su resistencia, pero la potencia es excelente
y el tacto muy bueno y fácil de dosificar. Me han gustado
especialmente los frenos del CLK 500 con las pinzas monobloque de
cuatro pistones, que permiten un tacto de frenada todavía
más preciso y potente que en el resto de los CLK con pinzas
flotantes. En este coche, el tacto de frenada es más durito
y el pedal tiene menos recorrido que en los otros modelos.
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