Sobresale en estabilidad, falla en equipamiento
Junto con el Ford Focus, creo que el Mazda 3 es el
coche más estable que hay entre 4,0 y 4,4 metros de longitud,
en el sentido de que es el que más satisfactoriamente obedece
a las órdenes que se le dan con el volante, el acelerador
y el freno. También muestra una agilidad y un cierto tacto
«deportivo» inusual en este tipo de coche.
Es de los que mejor entra en la curva y tiene una
suspensión quizá un poco más dura que lo que
es habitual es coches de esta potencia, pero no es un coche incómodo.
Esta suspensión no permite movimientos amplios de la carrocería
en fuertes apoyos laterales con baches o en frenadas.
También
es uno de los que menos les cuesta abordar curvas cerradas, aunque
los neumáticos que tiene (Bridgestone Touranza ER 30 205/55
R16 91V) no dan un agarre lateral muy grande). A diferencia de muchos
de sus rivales, es un coche que se puede conducir fácilmente
con el acelerador, e incluso obtener un cierto grado de sobreviraje
en retención.
Cuando se descoloca por este motivo, tiene la ventaja
de que reacciona de una manera muy poco violenta, lo que puede facilitar
su control. No obstante, como no puede llevar control de estabilidad
(el accionamiento del acelerador es por cable), su seguridad activa
no es tan grande como algunos rivales que sí pueden tenerlo.
La dirección es rápida: 2,9 vueltas entre topes con
un diámetro de giro que no es grande. La palanca de cambios
tiene un accionamiento durito y con unos recorridos más bien
cortos. El pedal del freno tiene buen tacto y la resistencia al
calentamiento es buena.
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