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Un
V8 turbo de 655 CV en un chasis de carbono
Su motor es un V8 con un compresor
e intercooler,
que da 655 CV a
6.800 rpm y un par
máximo de 750 Nm a 5.000 rpm, su cilindrada
es 4,7 l. Es una cifra de potencia y par verdaderamente alta (aún
aceptando que dé algún CV y algún Nm menos
de los anunciados); el motor del Aston Martin Vantage Le Mans es
también V8 sobrealimentado (dos compresores volumétricos)
y, con 5,3 l de cilindrada, da 557 CV y 745 Nm (hay una versión
de éste que llega a 600 CV y 820 Nm). Que el motor del Koenigsegg
dé ese par con esa cilindrada, quiere decir que la presión
media que llegan a soportar sus pistones
es un 50 por ciento superior a la que aguantan los de un motor V8
Diesel de Mercedes.
Es, además, un motor con un peso relativamente ligero: 240
kg. Para obtener un peso así de bajo Koenigsegg usa fibra
de carbono (en el colector de admisión o en los conductos
que unen el comperesor al intercooler) , titanio y una aleación
especial de aluminio utilizada en aviación.
La
lubricación es por medio de un cárter seco. De esta
forma se puede colocar el motor más bajo y, con ello, el
centro de gravedad.
El intercooler es capaz de reducir la temperatura de admisión
desde 150 a 60 grados centígrados aproximadamente. El compresor
da una presión absoluta de 2,2 bares y la relación
de compresión es de 8.6 a 1.
La potencia se transmite a las ruedas traseras a través
de una caja de seis velocidades con mando secuencial, bien con una
palanca en el suelo o bien con mandos en el volante. Como en algunos
coches de competición, tiene su propia bomba y radiador de
aceite.
La marca anuncia 3,2 de 0 a 100 km/h y nada menos que 390 km/h
de velocidad punta; una cifra poco creíble, si tenemos en
cuenta que un McLaren F1 en versión de 627 CV apenas pasaba
de 350. Es capaz de soportar fuertas laterales de hasta 1,15 g y
frena desde 100 hasta 0 km/h en 42 metros.
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