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Mejor en motores, funcionalidad
y acabado, igual en el resto de cosas
La primera conclusión que he sacado en
claro del KIA Carnival es que es un monovolumen indicado para viajar
por carreteras amplias, con buen piso y pocas curvas. En dichas circunstancias
se puede ir a un buen ritmo con enorme comodidad y amplitud. Sin embargo,
la suavidad de las suspensiones, su elevado peso y gran tamaño
le hace menos apropiado para moverse con agilidad por carreteras con
curvas.
Desde mi punto de vista, las suspensiones siguen
siendo mejorables, pues su excesiva suavidad es incapaz de contener
un acusado balanceo
y cabeceo
de la carrocería, que hace que el coche rebote más
de la cuenta y nos haga perder confianza al volante al pasar por
zonas con ondulaciones. He probado tanto el modelo 2.5 V6 como el
2.9 HPDI mucho más rápido de lo que probablemente
jamás vaya a circular un usuario normal de Carnival y lo
cierto es que el coche no llega a perder la compostura ni se descoloca
a pesar de producirse tan acusados rebotes de suspensión.
En
cualquier caso, son mejorables y siguen restando confianza, sobre
todo teniendo en cuenta que otros monovolumen como el Renault Espace,
Chrysler Voyager o el trío Galaxy/Alhambra/Sharan tienen
un mayor aplomo.
En carreteras con curvas tienen una marcada tendencia
subviradora,
sobre todo el modelo turbodiésel, con un motor mucho más
pesado colgado sobre el eje delantero. El Carnival 2.5 V5 es apreciablemente
más ágil y se inscribe algo mejor en los giros. La
enorme desmultiplicación
de la dirección (3,6 vueltas) la hace lenta y obliga a mover
mucho el volante al trazar cualquier curva. En cualquiera de las
dos versiones del Carnival, la acusada inclinación de la
carrocería también contribuye a que las perdidas de
motricidad
sean inevitables si aceleramos fuerte al salir de una curva en marchas
cortas.
Los frenos, tienen un tacto correcto y se pueden
dosificar con facilidad, pero aguantan lo justo el trato duro. También
es cierto que se refrigeran con rapidez, pero la fatiga
vuelve a aparecer si forzamos el ritmo, más teniendo en cuenta
que es un vehículo con capacidad para siete personas. A mi
juicio, el tamaño de los frenos es algo justo, prácticamente
todos sus posibles rivales tienen discos
ventilados delante más grandes y discos traseros (el
Carnival tiene tambores
atrás).
El
2.5 V6 de gasolina es suave y empuja bien de este modelo (aunque
no he tenido ocasión de probarlo con carga). Estira con fuerza
hasta la zona roja del cuentavueltas (6.500 rpm) en las tres primeras
marchas. A partir de 4ª le cuesta superar las 6.000 rpm y en
5ª se queda a 5.500 rpm. KIA anuncia una velocidad máxima
(185 km/h) similar al modelo anterior a pesar de su menor potencia.
En nuestra toma de contacto hemos medido (con el crono) una velocidad
máxima que superaba los 200 km/h. El accionamiento del cambio
es correcto pero en los desarrollos
de transmisión hay un salto muy acusado al cambiar de
1ª a 2ª velocidad.
El modelo 2.9 HPDI es el que más cambios ha
recibido en su motor turbodiésel y parecen muy positivos.
El anterior motor sin conducto
común hacía un ruido infernal y el renovado motor
es mucho más silencioso y apenas vibra. Es un motor mucho
más fino de funcionamiento. También es más
elástico, empuja con energía desde 1.500 hasta 4.000
rpm y llega con algo más de dificultad hasta 4.250 rpm. El
anterior motor comenzaba a estirar más fuerte a partir de
1.750 rpm. Sorprendentemente, también se anuncia una velocidad
máxima (168 km/h) similar al anterior Carnival, a pesar de
tener 18 CV más de potencia.
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