|
Más potencia, más
equipamiento y un motor Mercedes-Benz
Los aspectos que más me han llamado la atención
del Jeep Grand Cherokee 2.7 CRD han sido sus buenas prestaciones,
extraordinario confort de suspensión y excelente agilidad,
tanto en carretera como en el campo. Su motor turbodiésel
de 163 CV empuja con energía y permite obtener unas prestaciones
destacables en un coche del tamaño y peso del Grand Cherokee.
Por otro lado, el buen funcionamiento de su caja de cambios automática
de cinco velocidades también contribuye a que la conducción
resulte agradable en cualquier circunstancia, respondiendo con rapidez
a las solicitudes del acelerador.
Este
modelo tiene unas suspensiones suaves que absorben con mucha eficacia
las irregularidades del terreno; resulta muy cómodo, tanto
en carretera como en campo. A pesar de tener eje rígido delante
y detrás, el guiado sobre terrenos bacheados es bueno y no
se mueve o rebota más de lo deseable.
En carreteras con buen asfalto me ha sorprendido
por su agilidad, el morro entra en las curvas con más facilidad
que otros todo terreno (como el Mitsubishi Montero), ayudado también
por la mayor agilidad de un eje trasero que puede llegar a deslizar
en conducción de estilo «deportivo». En según
qué condiciones esto puede ser beneficioso o perjudicial:
beneficioso porque se inscribe con mucha agilidad en las curvas
y perjudicial porque resulta algo más exigente de conducir
en dichas circunstancias. Éste es uno de los motivos por
los cuales se agradecería mucho en este modelo un control
de estabilidad, que no está disponible ni en opción.
La
suavidad de las suspensiones no puede contener el balanceo
de la carrocería, aunque tampoco en el interior apreciamos
sensación de inseguridad y transmite buenas impresiones.
Además, todas las reacciones son muy progresivas y predecibles.
El 2.7 CRD Limited que he conducido tenía neumáticos
más anchos, de perfil más bajo y, sobre todo, con
un dibujo más de carretera que de campo (Good Year Wrangler
F1 235/65 VR17). Esto hace esta versión algo más estable
en carretera por su mayor agarre. Por el contrario tiene menor motricidad
en el campo y es un poco menos eficaz en zonas trialeras. La versión
Laredo llevaba neumáticos mixtos que agarran algo menos en
asfalto pero aportan más tracción en el campo (Good
Year Wrangler S4 225/75 TR16 M+S).
Los frenos parecen potentes, pero en una conducción
exigente llegan a desfallecer por sobrecalentamiento. La nula retención
del cambio automático (si no vamos reduciendo manualmente)
requiere un trabajo más a fondo de los frenos para retener
la marcha por lo que sería conveniente un mayor dimensionado
de los discos. El ABS tiene un buen funcionamiento en general y
sólo entra en funcionamiento antes de lo deseable en zonas
donde la suspensión rebota de forma acusada.
Su dirección de recirculación de bolas
tiene un tacto mejorable; no por el grado de asistencia, que es
correcto, sino por la imprecisión inicial que transmite en
el momento de iniciar el giro. Curiosamente, sólo tiene 2,75
vueltas de volante entre topes y una vez inscritos en la curva se
muestra suficientemente rápida, pero el guiado inicial es
lento y poco directo.
|