|
Bien todo, salvo el ruido
El Mondeo anterior iba bien de estabilidad y éste va mejor. En
carreteras lentas es sorprendentemente ágil para su tamaño; no es
que sea un GTi de 4 metros, pero no parece que mida lo que mide.
En las rápidas tiene casi todo lo que hace a un coche agradable
de conducir rápido o despacio: sigue bien el movimiento del volante,
admite irregularidades en el suelo sin variar mucho la trayectoria,
no se balancea ni cabecea en exceso y no le afecta especialmente
el viento. Tiene tacto de coche grande y, aunque no llega al nivel
de un Audi A6 o un BMW Serie 5, sí está por encima de la media en
este tipo de carreteras. No es tanto un coche «de conducir»,
como podrían serlo un Alfa Romeo 156 o un Nissan Primera, pero más
que estos dos y que la mayoría es un coche «de viajar».
Aunque técnicamente sería posible (la centralita
electrónica tiene capacidad para ello), el Mondeo Diesel
no puede llevar control de estabilidad. A estas alturas, es un atraso
que sea así.
También es un coche cómodo de suspensión. Tiene la flexibilidad
de rueda y el recorrido de suspensión necesarios para que, en condiciones
desfavorables como un fuerte apoyo,
no transmita en exceso a los pasajeros el movimiento de las ruedas.
Lo que lo hace menos cómodo de lo que podría ser es también el
ruido. Al margen del que hace el motor, la unidad de pruebas que
hemos tenido tenía un extraño ruido aerodinámico en la parte izquierda
y no cerca de los retrovisores (que suele ser lo normal). En las
plazas traseras (que están muy lejos de las delanteras) no se oye
tanto el aire, pero sí las ruedas. No es para quedarse sordo, desde
luego, pero quien aprecie especialmente el silencio tiene otros
coches para elegir.
|