Más caro que sus rivales: entre 11.070 y 13.650 €
Lo primero que destaca al subirse en el Ford Fiesta
es la disposición del volante, los pedales y el asiento.
El volante no es regulable longitudinalmente, carencia que sorprende
en un coche que saldrá al mercado dentro de medio año.
En el anterior Fiesta el volante no podía regularse ni vertical
ni longitudinalmente, por lo que el actual supone una mejora frente
a aquél. Frente a otros modelos de similar categoría,
esta carencia se convierte en una desventaja competitiva considerable.
Sorprende también que el asiento no sea regulable en altura.
Lo único que puede regularse es la inclinación de
banqueta. En la posición de mayor inclinación hacia
adelante, la parte de atrás de la banqueta se sitúa
6 cm más alta que en la zona de mayor inclinación
hacia detrás, pero eso no significa regulación en
altura. En su posición de máxima inclinación
es imposible sentarse en la banqueta, porque uno siente que se escurre
hacia delante.
Esta
sensación de irse hacia delante al inclinar la banqueta se
ve agravada porque no hay lugar posible en el que apoyar con fuerza
el pie izquierdo. Los pedales están desplazados hacia la
izquierda y, entre el embrague y el montante de la carrocería,
no queda espacio para pasar el pie con la velocidad y comodidad
necesarias. El pie hay que llevarlo sobre el piso, sin apoyo posible.
A pesar de estos detalles, yo no me sentí
especialmente incómodo al volante y conseguí una postura
agradable (aun sin apoyo para el pie). Sin embargo, otros colegas
de la prensa no consiguieron ponerse cómodos, según
me contaron. Más curioso todavía es que el espacio
para los pies del pasajero también es estrecho. Esta escasez
de sitio para los pies se debe a que la consola central del Fiesta
es muy ancha.
He conducido tres versiones diferentes del Ford Fiesta
que se pondrá a la venta en mayo, dos con motor de gasolina
y una con motor Diesel. La principal diferencia en las dos versiones
de gasolina era el ancho de los neumáticos. Opcionalmente,
el Fiesta con motor de gasolina de 80 CV se venderá con rueda
de 195/55 15, en tanto que la de serie es una 175/65 14. El motor
de gasóleo sólo he podido llevarlo con rueda 175/60
14.
El motor de gasolina resulta agradable porque no
suena demasiado y vibra poco. La sensación que da es que
empuja bien cuando se lleva a pocas vueltas, pero debido a un desarrollo
del cambio largo hay que recurrir mucho a la palanca en cuanto la
carretera deja de ser llana. No noté diferencia entre la
rueda ancha y la estrecha en autovía, pero sí que
se nota ligeramente en carretera de curvas ya que el coche tiene
reacciones más vivas. Nada especial. Tampoco aprecié
diferencia de prestaciones entre unas ruedas y otras.
Con los motores que lo probé, el coche es
muy fácil de conducir. Habría que probar durante muchos
más kilómetros para juzgar mejor el chasis. Con las
ruedas anchas el morro entraba ligeramente mejor en las curvas que
con las estrechas. Una vez apoyado no hay diferencia entre unas
ruedas y otras y casi no la hay, tampoco, entre acelerar y no acelerar.
Los más de diez caballos de diferencia entre
el motor Diesel y el de gasolina no son claramente perceptibles.
La diferencia de fuerza a bajas revoluciones es tan favorable al
Diesel, que en utilización normal incluso parece que corra
más que el de gasolina (es muy posible que el Diesel recupere
mucho mejor). El desarrollo de las relaciones de cambio es largo
en los dos casos, pero el motor Diesel lo lleva mejor.
Ambos motores giran con suavidad y son silenciosos.
El Diesel suena más que el gasolina, claro está, pero
en comparación con otros motores de caracterísitcas
similares, el Diesel resulta más silencioso y suave que el
de gasolina.
|