Sobresale en espacio, calidad y equipamento, falla el puesto de conducción
La seguridad activa del Stilo está dentro
de lo que empieza a ser un estándar en esta clase de coches:
subvirador, blando y fácil de conducir. A pesar de que sus
dimensiones son peculiares, sus reacciones son parecidas a las que
tiene un Alfa Romeo 147, un Seat León o un Volkswagen Golf.
En carreteras lentas no tiene la precisión de un Focus al
entrar en la curva, no es tan insensible al estado del suelo como
un Almera y no da la sensación de ir mejor que un Mégane.
Lo que sí hace es absorber bien las eventuales irregularidades
del suelo y no reaccionar violentamente, como puede hacerlo un Xsara.
En carretera rápida mantiene bien la trayectoria, sea recta
o curva, sobre suelo uniforme o no. No lo he probado con mucho viento.
La
suspensión es blanda, pero no demasiado. No es de los coches
de este tipo que más cabecea cuando hay baches, ni tampoco
balancea mucho (a pesar de su altura). Como ocurre con otros coches
modernos, como el Alfa Romeo 147, el Honda Civic o el Peugeot 307,
en el Stilo no se aprecia un aumento radical de la estabilidad con
relación a su predecesor (el 145/146, el anterior Civic,
el 306 y el Brava, respectivamente). Si la seguridad activa es mayor
(que lo es en el caso del Stilo), se debe a que puede llevar control
de estabilidad; además, esta ocpión en el Stilo es
menos costosa que en otros competidores.
La asistencia de la dirección es eléctrica y tiene
dos modos de funcionamiento. Uno es normal, con un tacto suave en
maniobras y normalmente preciso en carretera. El otro se puede conectar
mediante un botón («City»), y da una asistencia
aún mayor. Hay a quien no le gusta tanta asistencia así
de primeras, pero es difícil no acostumbrarse porque resulta
muy cómodo en maniobras o al callejear a baja velocidad.
Al pasar de 50 km/h la dirección vuelve a tener la asistencia
normal.
Esta
dirección eléctrica tiene un par de peculiaridades:
una, que tarda uno o dos segundos en funcionar después de
arrancar el motor. Otra que, según el manual del coche, si
se hacen muchas maniobras, la dirección se endurece para
evitar calentamiento del motor eléctrico. Yo he intentado
calentarla a propósito y no he sido capaz, así que
no creo que en uso normal se llegue a notar.
La capacidad de frenada ha sido algo inferior a la de coches semejantes;
se nota al volante en condiciones extremas y lo reflejan nuestras
mediciones. Es posible que los neumáticos que llevaba nuestra
unidad de pruebas Michelin Energy tengan algo que ver
con ésto. Los frenos tienen el calentamiento normal de un
coche de este tipo, que es más que suficiente para un uso
normal y escaso para un uso anormalmente intenso.
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