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Grande por dentro y con un motor agradable
Por dentro, el Punto es grande. Ancho en las plazas posteriores
(130 cm contra 123 del Peugeot 206, por ejemplo) y alto en los asientos
delanteros y posterior. El volumen del maletero es el mayor entre
los coches de tres puertas de su tamaño (264 litros, 9 más que el
Renault Clio, 14 litros más que el Ford Fiesta y 19 más que el Peugeot
206).
El Peugeot 206 tres puertas es el más largo de todo
este grupo. Por fuera mide exactamente 3,5 centímetros más que el
Punto. Esa diferencia apenas se traslada al espacio para el pasajero
de atrás.
Con un mismo conductor sentado al volante, el pasajero del asiento
posterior de un 206 dispone prácticamente del mismo espacio para
las piernas que el de un Punto. Ambos son coches amplios a lo largo
para su longitud. No sólo amplio. El Punto está bien pensado para
que los ocupantes se sientan a gusto. En especial los de las plazas
delanteras. Hay unos diez huecos a mano del conductor para dejar
distintas cosas: monedas, llaves, cartera o papeles.
El
asiento del conductor se puede regular en altura, al igual que el
volante. Sin embargo, esta regulación del volante no resulta demasiado
útil. En la posición más alta el volante queda muy tendido
(hay mucha más distancia desde la parte superior del volante al
cuerpo del conductor que desde la zona inferior). Esta posición
del volante obliga a manejarlo de forma similar a como se haría
si fuera el de una furgoneta o camión, aunque la postura de conducción
es diferente a la de los vehículos industriales. Este inconveniente
se resuelve con poner el volante más bajo.
En las versiones de tres puertas, los dos asientos
delanteros se abaten con facilidad para permitir el acceso a las
plazas posteriores. Banqueta y respaldo se sitúan en la posición
más cercana al salpicadero, para franquear el acceso. Al volverlos
a colocar, un sistema mecánico de memoria los devuelve a la posición
inicial. En nuestro Fiat Punto de pruebas, la banqueta del copiloto
sólo regresaba a la posición buena una vez de cada siete u ocho
intentos. Lo normal era que se quedara en la posición más adelantada
de todas las posibles.
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