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Amplio y cómodo, pero
no rápido
El salpicadero del Picasso es simétrico, la instrumentación
y la palanca de cambios están en el centro. Esto no tiene ninguna
ventaja de cara a la conducción, más bien al contrario. La instrumentación
es digital (menos fácil de leer que la analógica), contiene informaciones
que no son relevantes para conducir y carece de otras que sí lo
son, como el cuentavueltas. La palanca de cambio —que no tiene un
tacto preciso— queda algo alejada para la quinta y la marcha atrás.
El asiento es bueno para conducir y resulta indicado principalmente
para las personas a las que les guste ir altas con relación a los
pedales. El respaldo sujeta adecuadamente el cuerpo y la banqueta
permite apoyar las piernas de manera que el peso del cuerpo queda
convenientemente repartido. En cambio, los pedales (especialmente
el del embrague) tienen una posición y forma peculiares (muy convexa)
y no del todo satisfactorias. La inclinación del volante está cercana
a la de un turismo normal, no muy tendido, como ocurre en ciertos
monovolúmenes y todas las furgonetas.
Tiene espacios para colocar objetos que son prácticos. Las trampillas
en el suelo frente a los asientos traseros sirven para no dejar
pequeñas cosas a la vista, hay una bandeja plegable tras el respaldo
delantero que puede ser útil y tiene como equipo de serie una cajón
plegable en el maletero que aguanta hasta 18 kg (Citroën lo llama
«Modubox»). Este cajón puede servir para meter cosas que, de otra
forma, quedarían sueltas en el maletero. Una de las características
del diseño es que el parabrisas y el borde del salpicadero quedan
muy alejados del conductor. Esto no es un defecto, pero tiene el
ligero inconveniente de que la pinza para dejar papeles (por ejemplo,
el tique del peaje) resulta inalcanzable o que ciertos mandos están
muy lejos.
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