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Suficientemente rápido,
muy cómodo y bien equipado
La dirección tiene un sistema de asistencia
variable que resulta agradable y es suficientemente directa y precisa
en carretera. A diferencia del C5 2.2 HDI (con 2,9 vueltas de volante),
el 2.0 tiene 3,3 vueltas de volante y menos diámetro de giro
(11,4 m, en lugar de 12,5). Esto obliga a manotear bastante en maniobras,
pero a cambio aporta una mayor maniobrabilidad, que si en el 2.2
HDI es mala, en el C5 2.0 HDI es razonable. El prominente voladizo
delantero del C5 (971 mm) hace necesario vigilar bien las distancias
si no queremos arañar el paragolpes.
La caja de cambios se puede manejar con precisión y rapidez.
Además, las cinco velocidades se insertan con mucha suavidad.
Tiene unos desarrollos de transmisión largos, pero bien adaptados
a la fuerza del motor.
No
tiene una gran capacidad de frenada, pero sí un tacto progresivo
y fácil de dosificar. El freno de estacionamiento está
en un cuarto pedal; al pisarlo, el punto inicial no transmite frenada
y el pedal baja un poco más de lo deseable hasta que envía
presión al circuito de frenos. El ABS trabaja bien y permite
frenar sin problemas incluso en zonas bacheadas, ayudado también
por la excelente capacidad de absorción de la suspensión.
La resistencia al trato duro es buena pero en un uso muy exigente
se llega a apreciar fatiga por sobrecalentamiento.
Si practicamos un estilo de conducción deportiva, con constantes
apuradas de frenada, el sistema automático que enciende los
intermitentes de emergencia en caso de frenada fuerte acaba actuando
más de lo deseable. Dicho sistema se puede desactivar en
el concesionario si lo creemos oportuno.
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