Mucha tecnología
eficaz y opcional
El 530d sorprende por la baja sonoridad; el 530i, por la suavidad
de funcionamiento. Los dos, por la impresionante respuesta.
Si bien en el motor Diesel la caja de cambios de
seis marchas convendría que tuviera unas relaciones
más abiertas (mayor salto entre marcha y marcha), en el 530i
el cambio encaja a la perfección con las cualidades del motor,
que entrega potencia abundante a medio régimen con una suavidad
exquisita.
En
el motor Diesel vale cualquier régimen entre 2.000 y 4.000
rpm para acelerar con fuerza. Prácticamente toda la gama
útil de utilización del motor. En el 530i hay que
ser algo más selectivo con el cambio para situar el motor
en el entorno de giro de las 3.000 rpm, desde donde acelera con
mucha energía y suavidad.
La configuración de este coche ha sido exactamente la misma
que he probado con el motor de gasóleo. Se nota la diferencia,
en la estabilidad, aunque a mi juicio no tanto como en la Serie
3. La principal diferencia, con el DSC conectado, es que el morro
resulta más ágil en las curvas. La principal diferencia
con el DSC desconectado es que no resulta tan fácil hacer
que el 530i pierda tracción al acelerar como el 530d.
Cuando probé estos dos motores en el cupé de la Serie
3 y en la versión descapotable, decía que me quedaría
con el motor Diesel si tuviera una estabilidad como la que se conseguía
con el motor de gasolina. En cambio, para el Serie 5, me quedo con
la versión de gasolina, si se trata de practicar una conducción
rápida por carreteras de muchas curvas.
En esas condiciones, si se acelera a fondo y se apura el régimen
del motor, el Diesel es más brusco, hace más difícil
transmitir la fuerza al suelo y —por lo cerrada tienen la
caja— requiere cambiar de marcha muy a menudo, porque el motor
llega a su límite en intervalos de velocidad pequeños.
Estas reacciones me parecen más tolerables en un Serie 3
cupé que en un Serie 5, si se entiende que el primero tiene
un enfoque más «deportivo».
El
530i, en cambio, tiene un motor de suavidad exquisita, sea en conducción
normal o incluso cuando se quiere obtener la máxima aceleración
posible. Es un motor casi perfecto para este coche. El del 530d
es un motor muy silencioso para ser Diesel, pero no alcanza la suavidad
de respuesta de este motor de gasolina.
Las impresiones relativas a los controles de estabilidad y tracción
son idénticas a las de la versión Diesel y también
en la relación con la Serie 3. Resulta especialmente agradable
ver que se mejora en el control del subviraje, hasta ahora no demasiado
bien resuelto en la mayoría de los coches.
He probado los frenos intensamente en ambos coches y resultan satisfactorios.
Han aguantado bien el uso intensivo sin perder efectividad y, lo
que es más raro, sin perder calidad en el tacto del pedal.
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