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Un cupé para viajar
Dinámicamente, el Alfa Romeo GT se parece
más al 147 que al 156. No tiene esa facilidad para entrar
en la curva que distingue al 156, que sigue de forma casi inmediata
al movimiento del volante.
El GT es un coche suave de tacto y cómodo de suspensión,
con el que se pueden hacer viajes tan bien como con cualquier berlina
(mejor que con algunas). A partir de una cierta distancia de viaje,
un coche cómodo como éste acaba siendo más
rápido que los «deportivos» que tienen una suspensión
incómoda por dura, porque permite mantener mejor un ritmo
rápido.
Por carreteras rápidas (de cuarta, quinta y sexta velocidad)
este GT, responde perfectamente siempre que el suelo sea regular.
Si está fuertemente apoyado en una curva y hay una junta,
un bache o pavimento descarnado, se nota una vibración en
el volante. Si la rueda se llega a sacudir mucho porque el suelo
está muy deteriorado (algo relativamente frecuente en España),
es posible que el coche se desvíe de la trayectoria (tanto
más cuanto mayor sea esa sacudida).
Esto no se debe a que la suspensión sea dura; de hecho,
creo que la suspensión funciona perfectamente en ese sentido
porque no transmite las sacudidas a los pasajeros. Quien siente
que el suelo está mal es sólo el conductor, a través
del volante (o algún pasajero muy observador). Tampoco es
una suspensión excesivamente blanda y, de hecho, es notable
lo poco que se balancea.
No
sé cual será la causa de que el GT sea más
sensible a las irregularidades del suelo que otros coches, pero
es algo que también ocurre —en mayor o menor medida—
en el 156 y en el 147 (y no en el GTV). En todo caso, es algo que
sólo se llega a apreciar si se conduce más rápido
de lo normal.
Por carreteras lentas y medias (de segunda, tercera y cuarta) el
GT no es torpe en el sentido de que le cuesta entrar en la curva
pero, si se quiere conducir rápido, hay que contar con anticipar
el giro más que en otros coches. Una vez dentro de la curva,
el límite de adherencia es alto. Hay coches que entran bien pero, una vez dentro, tienden a abrir la trayectoria; el Alfa GT
no es de esos.
Que sobrevire me parece sencillamente imposible en condiciones
normales, aunque sea circulando a ritmo rápido. Lo bueno
es que tiene una cierta capacidad para cerrar un poco la trazada
cuando hace falta (al desacelerar en curva), pero no llega a un
sobreviraje claro a no se que se fuerce.
El control de estabilidad funciona muy bien; no es desconectable,
pero no me parece un obstáculo para practicar una conducción
rápida. El control de tracción sí se puede
desconectar, bien para circular con cadenas o sobre terreno blando,
o bien para ganar unas décimas en carreteras lentas a cambio
de maltratar la transmisión y gastar los neumáticos.
La unidad que hemos probado tenía las ruedas de medida original
en la versión Progresión (205/55 16) con neumáticos
Firestone Firehawk 700, que aumentan ese efecto de subviraje a la
entrada de la curva. En la presentación del 156 tuve la oportunidad
de conducir dos unidades de ese modelo, una con Firehawk 700 y otra
con Continental ContiSportContact, y casi parecían dos coches
distintos; con los Continental entraba mucho mejor en la curva.
Esos neumáticos de Firestone no son ruidosos, posiblemente
contribuyen a que el coche sea cómodo y pueden que tengan
otras cualidades que no he podido apreciar (duración, agarre
en mojado o precio), pero desde luego no son recomendables para
quien aprecie un cierto tacto «deportivo».
En ciudad, el GT tiene dos inconvenientes de mayor o menor importancia
según el uso: gira poco (es más difícil aparcar
o moverse en un garaje) y tiene poca visibilidad en tres cuartos
trasero.
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