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Más cerca de un deportivo que de un familiar
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Selespeed: merece la pena probarlo |
Debería haber un Selespeed en cada autoescuela
para que los alumnos aprendieran qué hace el coche cuando
el cambio de marchas está bien hecho. Que a estas alturas
haya que seguir pisando el embrague para cambiar es un atraso, sobre
todo después de que aparezcan sistemas como éste,
que reemplazan con ventaja a la inmensa mayoría de los conductores
en la maniobra de aumentar marchas, y a prácticamente todos
en la de reducir.
Por
el tipo de engranajes que lleva, el Selespeed es como un cambio
manual, pero puede funcionar como un cambio automático y,
además, tiene un mando secuencial para seleccionar las marchas,
dentro de un límite mínimo y máximo del motor.
Es decir, no reduce si, al hacerlo, el motor quedase demasiado revolucionado;
tampoco deja meter una marcha que deje al motor a un régimen
demasiado bajo. Para cambiar manualmente de marcha tiene un doble
mando: bien una palanca, o bien unos botones en el volante. La palanca
tiene un movimiento longitudinal: hacia adelante aumenta, hacia
atrás reduce. De los dos botones que hay en el volante, el
derecho aumenta y el izquierdo reduce.
Con la palanca es muy fácil manejar bien el
cambio. Con los botones hace falta un periodo de adaptación.
Después de unos días con el coche ya estaba acostumbrado
a los botones y me han parecido útiles, aunque hay que despegar
las manos del volante para pulsarlos. Eso sí, en carreteras
retorcidas, si había que quitar una marcha rápidamente,
la mano se me iba a la palanca.
El botón para conectar el cambio automático
tiene el desafortunado nombre «City», que puede dar
idea de que es un cambio para ciudad cuando no es así. Como
automático no es el mejor del mercado, pero sí útil
en carreteras donde se mantienen casi siempre la misma marcha o
cuando se quiere conducir relajadamente.
El principal problema del Selespeed es que está
asociado a la versión Sport, con suspensión deportiva
y ruedas de 16", y puede que no todo el mundo quiera eso. Además,
por causa de llevar ese equipamiento, su precio es 215.000 pesetas
más que el de un Sportwagon con cambio manual y sin la opción
Sport. En cualquier caso, recomiendo probar este cambio a todo aquel
que esté pensando en un 156, especialmente si ha decidido
que quiere el Sport y, por tanto, la diferencia de precio no es
tan grande.
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