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Las impresiones de conducción que siguen ser refieren
al 911 Carrera 4S, que es la que hemos conducido más
en profundidad.
Desde bajas vueltas, el motor de 355 CV estira de forma
contundente; cuando pasa de 5.000 rpm, cambia el sonido y
se aprecia cómo se incrementa el empuje, hasta alcanzar
la zona roja del cuentavueltas a 7.000 rpm y llegar al corte
de inyección a 7.400 rpm. Dada la facilidad con la
que se llega al corte si no se va muy atento, sería
de agradecer que éste fuera menos brusco.
El 911 Carrera 4S no tiene la contundencia a bajo régimen
ni acelera tanto como un Audi R8, cuando se trata de apurar
el motor hasta su límite. En este caso, la mayor ligereza
del Porsche no compensa, por poco, el extraordinario empuje
del motor del Audi R8.
El
cambio manual de seis marchas contribuye a mantener un ritmo
rápido, si es lo que quiere el conductor. Para un coche
con el planteamiento del 911, el cambio manual nos parece
la mejor opción, al menos hasta que Porsche tenga un
buen cambio automático. El cambio automático
«Tiptronic», por lo que hemos visten en éste
y otros Porsche, es adecuado para quien quiera un cupé
rápido, pero no un deportivo.
El consumo puede ser tan elevado como las prestaciones;
es posible alcanzar los 25 l/100 km, o superarlos si nos empeñamos
en sacar el máximo partido al motor. Aún así,
se puede mantener dentro de unos valores comedidos en una
conducción moderada. La versión con el cambio
«Tiptronic» tiene un consumo ligeramente superior
a la versión manual.
El renovado 911 mantiene un depósito de combustible
de 67 litros (3 litros más que las versiones Carrera
de tracción trasera) que sigue limitando su autonomía
a escasos 400 km en condiciones de uso habituales y a tan
sólo 300 km si exprimimos su potencial.
El Carrera 4S tiene un sistema de amortiguación activa
de dureza regulable denominada «PASM» (Más
información). Gracias a dicha suspensión el compromiso
entre estabilidad y confort es muy bueno.
Si seleccionamos el reglaje de suspensión «Sport»,
pulsando el mando correspondiente situado en la consola central,
la amortiguación pasa a tener un reglaje realmente
duro que contiene con eficacia el movimiento de balanceo y
cabeceo de la carrocería. Se aprecia en mayor medida
cuando rodamos por vías rápidas a elevada velocidad,
o sometemos al coche a fuertes apoyos; con este ajuste, el
911 Carrera 4S transmite más confianza porque la carrocería
se mueve menos.
El
efecto positivo de la suspensión «PASM»
lo hemos notado en tanto en los 911, como en el Cayman. Por
lo tanto, nos parece una opción interesante adquirirlo
en en opción en aquellas versiones que no lo tienen
de serie, como el 911 Carrera o Carrera 4.
Al margen de la suspensión variable «PASM»
(que baja la altura de la carrocería 10 mm), también
se puede elegir una suspensión deportiva que rebaja
20 mm la altura del coche y que incluye un diferencial trasero
autoblocante. No hemos probado un 911 con esta configuración.
El 911 sigue siendo un coche de los que se conducen con
el acelerador para cambiar la trayectoria en función de la trazada que se busque. Precisamente porque es muy sensible
a los cambios bruscos de apoyo en curva y a que su dirección
es muy directa y rápida (tiene 2,6 vueltas entre topes),
es muy sensible a una buena conducción. Por ejemplo,
un R8 o incluso un BMW M3 son menos exigentes cuando se suelta
bruscamente el acelerador en una curva, y su dirección
menos directa requiere menos concentración al conductor.
Al menos sobre suelo seco, lo que hace muy bien el 911 Carrera
S es transmitir la fuerza al suelo y eso es independiente
del sistema de tracción que utilice. De hecho, si se
acelera a fondo a la salida de las curvas lentas no es tan
fácil que se descoloque como lo hace un BMW M3.
Si el suelo es poco adherente, sí puede haber una
diferencia grande entre acelerar con un 911 Carrera S de tracción
trasera o de tracción total, pero no lo hemos comprobado.
En todo caso, lo mejor que se puede hacer es no desconectar
el control de estabilidad, por el extra de seguridad que aporta
y porque está bien ajustado para que se pueda conducir
muy rápidamente sin que entre en funcionamiento.
Los frenos del 911 Carrera 4 S son más grandes que
los del 911 Carrera 4. En ambos casos, cumplen con creces
el nivel que se espera en un Porsche, tanto por potencia de
frenada como por resistencia al trato exigente. Las pinzas
del Carrera 4 S van pintadas en color rojo. En opción
puede tener unos discos cerámicos (8.640 €), pero
dado el excelente resultado que dan los de serie (tanto por
potencia como por tacto), no me parece que haya ninguna necesidad
elegir los opcionales (salvo para quien utilice el coche intensivamente
en circuito).
Los frenos de serie del 911 son superiores al del resto de
los deportivos de su nivel. Por ejemplo, en la misma curva
con un Audi R8 y con un 911 Carrera 4S, notaba claramente
cómo al primero le costaba detenerse, cuando con el
Porsche tenía la sensación de que podía
haber frenado más tarde.
Tanto el 911 Carrera como el Carrera S y sus variantes de
tracción total pueden llevar opcionalmente un nuevo
elemento que la marca ha denominado «Sports Chrono Package
Plus» (819 €). Mediante un botón en la consola
(junto al de la suspensión activa), este dispositivo
modifica la velocidad de apertura de la mariposa de admisión,
el umbral de intervención del control de estabilidad
(«PSM»), los mapas de control de la suspensión
«PASM» y la rapidez de funcionamiento del cambio
«Tiptronic» S, si lo lleva.
No es una opción costosa, pero las ventajas que aporta
el «Sports Chrono Package Plus» sólo son
apreciables para conductores dispuestos a llevar el coche
hasta sus límites, bien en circuito o bien en las pocas
ocasiones en las que se puede hacer algo así con este
coche en una carretera, y que —además—
sepan cómo hacerlo con seguridad. Más
información. |